La
participación en las elecciones es la manera de existir como ciudadano,
es decir, como miembro activo y responsable de la “polis”, de la
“cívitas”. Es también la forma de contribuir a la formación de la
voluntad política colectiva y dar legitimidad a la autoridad de los
gobernantes sujetos a elección.
La participación ciudadana organizada
suele ser un indicador del nivel de consolidación y fortaleza
democrática de una sociedad, a tal punto que en las naciones donde se
dan altos índices de abstención en las elecciones y, en general, en la
vida pública, puede afirmarse que en ellas la democracia es débil o
anémica.
Estas reflexiones están ligadas a la inminencia de las
elecciones nacionales del próximo 6 de noviembre, donde todos los
ciudadanos y ciudadanas nicaragüenses debemos concurrir con nuestro voto
a elegir las autoridades que tendrán a su cargo los destinos del país.
Debemos
asumir este reto con responsabilidad, participando maduramente en el
proceso electoral, convencidos de que el abstencionismo es dañino y no
conduce a ninguna parte. Es simplemente una posición negativa, que nos
margina de la decisión colectiva. A su vez, anular el voto es anularse
uno mismo como ciudadano o ciudadana y favorecer al adversario. Al
futuro del país no le convienen ni la abstención ni la decisión de
anular el voto. No son comportamientos propios de ciudadanos
responsables y participativos.
La única manera de evitar que se
consume un fraude electoral, como el ocurrido en las elecciones
municipales del 2008 y perpetrado por los mismos magistrados que ahora
están de facto al frente del proceso electoral, es concurriendo
masivamente a las urnas electorales el 6 de noviembre. Así podremos
construir entre todos, con el arma cívica del voto, un muro de
contención contra el fraude.
Los ciudadanos y ciudadanas deben
regresar por la tarde a las Juntas Receptoras de Votos donde depositaron
su voto para ver el resultado de las votaciones ya que, de acuerdo con
el artículo 129 de la Ley Electoral: “Los resultados del escrutinio
deberán ser publicados mediante carteles por la Junta Receptora de
Votos”. Hay que estar muy atentos a esos resultados y exigir que se
publiquen en la parte externa de la Junta. Así, todos los ciudadanos y
ciudadanas podremos convertirnos en observadores del proceso electoral y
fiscalizar que el acta de escrutinio refleje realmente la voluntad
popular. Nuestra presencia debe también servir para apoyar a los
fiscales que demanden el cumplimiento de la Ley Electoral frente a
cualquier intento de falsear los resultados. Así contribuiremos a la
transparencia del proceso electoral y a impedir un posible fraude
electoral.
La Conferencia Episcopal de Nicaragua, en su Mensaje del 7
de octubre, nos exhortó a ejercer el derecho al voto y nos dice que
“nada justifica en lo más mínimo ni la ausencia ni el escepticismo de
los cristianos en relación con la cosa pública” y que “la mejor opción
para el presente y el futuro de Nicaragua es participar en las
elecciones”.
También es importante reproducir aquí la exhortación que
la Conferencia Episcopal hace al Consejo Supremo Electoral “a ejercer
sus funciones con responsabilidad y honestidad, actuando con tal
transparencia en el escrutinio de los votos que no permita ni la más
mínima duda acerca del respeto a la voluntad popular en estas
elecciones”.
Debemos también tener presente, como una valiosa guía,
el perfil del buen candidato que propone la Conferencia Episcopal y que,
por su acierto, nos permitimos reproducir a continuación: “Además de
prestar atención a los distintos programas de gobierno, hay que tener en
cuenta el perfil de los candidatos. Hay que conocer su vida, lo que ha
hecho por nuestro país, la historia de cada uno y de sus equipos y su
propia competencia para gobernar con justicia y honestidad. Que nuestro
voto sea por un candidato que respete la Constitución Política del país y
de sus instituciones democráticas, que sepa gestionar con
responsabilidad las relaciones internacionales de la nación y que no
tenga un historial de corrupción. Debemos preferir un candidato que
tenga sensibilidad ante el sufrimiento de los más necesitados y que sea
respetuoso de los derechos humanos, culturales y ambientales. Un buen
candidato es aquel que, siendo firme en sus propias convicciones, no se
cierra en sus ideas ni es intolerante frente a los demás, sino que pone
siempre adelante el bien de todo el pueblo por encima de los intereses
de su organización o partido”.
OSIRISMELISA/ 171011
NICARAGUENSES A VOTAR TODOS.
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